La declaratoria reconoce una tradición gastronómica que se ha convertido en parte de la vida cotidiana y cultural de México.
Hay elementos de la cultura mexicana que están presentes en los momentos más sencillos de la vida cotidiana, y el pan dulce es uno de ellos.
Desde una visita a la panadería de la colonia hasta una reunión familiar acompañada de café, sus distintas variedades forman parte de costumbres arraigadas en diferentes regiones del país.
Por ello, la declaratoria del pan dulce mexicano como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México representa un reconocimiento a una tradición que combina gastronomía, historia, trabajo artesanal y convivencia.
El objetivo es preservar los conocimientos y prácticas vinculados con su elaboración y fortalecer la cultura panificadora.
Ahora, el sector busca llevar este reconocimiento un paso más adelante mediante la propuesta para que la tradición sea considerada por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.